jueves, 5 de mayo de 2011

Flaco favor le hacen a Villas Boas todos los gafapastas del fútbol y los que quieren ensalzar aún más esa falsa aura de genialidad de Mourinho atribuyéndole a él los méritos de la gran temporada que está cosechando el Oporto de manos del que fue durante tantos años el segundo de Mourinho. Segundo que era prácticamente primero, ya que Mourinho delegaba buena parte de sus funciones al ahora flamante finalista de la Europa League.
Prácticamente lo único que asemeja a Villas Boas con Mourinho es su nacionalidad y el haber compartido banquillo tanto tiempo. En lo demás son como el día y la noche. Para empezar, el gesto de hoy, aplaudiendo a Senna en su reaparición, demuestra un señorío que pocas veces vemos ya en el fútbol y que no es de boquilla. Sus declaraciones por lo general rehuyen la polémica, y no es frecuente verlo haciendo aspavientos, calentando a los aficionados rivales o criticando al cuarto árbitro todas las decisiones. Prefiere quedarse en su sillón o limitarse a dar órdenes puntuales, sin ir más allá.
El juego del Oporto tampoco tiene nada que ver con el que ganó una Champions League en el 2004. No importa la ventaja que lleven, su fútbol siempre tiene como objetivo la portería contraria. No es tiki-taka ni mucho menos, pero sí un fútbol directo, vertical y con mucha velocidad relativamente atractivo. No especulan con el resultado, al contrario que con Mourinho, y es raro que su 4-3-3 (bastante parecido en posicionamiento y roles al del Barça) presente grandes variaciones a lo largo de los encuentros.
Villas Boas simboliza el lado positivo de la ambición. Para él es buscar la victoria sea cual sea el rival sólo tiene un camino: la portería contraria. Algo que parece tan obvio pero que muchos se empeñan en olvidar. Es Jekyll liberado al fin de su Hyde y demostrando, junto al Barça de Guardiola, que es posible aspirar a un triplete jugando. No sólo es posible, sino que es el camino más fácil.
Es increíble el mérito que tiene el haber eliminado al Villarreal con esta contundencia. Pese a que no copa portadas de medios nacionales, y mañana por la mañana su eliminación ni siquiera será noticia, estamos ante un equipo de un nivel altísimo. No podemos dejar pasar el inmenso trabajo que están realizando tanto Garrido en el banquillo como Llaneza en la sombra de los despachos. Es encomiable su apuesta, con su escasísimo presupuesto, por el talento y por la cantera. E igualmente elogiable su fe inquebrantable en remontar un 5-1 adverso. Para mí, es también ganador de esta semifinal. Finalmente, debo al menos mencionar al sorprendente Sporting de Braga, que se ha plantado en la final con Hugo Viana, aquel talentoso centrocampista que fracasó en Valencia y Osasuna, como jugador estrella.
Y mientras tanto, algunos ganan una Copa del Rey tras dos años y casi cuatrocientos millones gastados y resulta una temporada formidable, que habría sido merecedora de elogios mundiales si no hubiera existido esa conspiración judeomasónica en su contra. Cuanta razón tenía quien dijo que el fútbol es un estado de ánimo. Sobretodo si el estado de ánimo te lo insuflan los Pravda de Madrid, para los que no existe más gloria que la de su equipo, juegue bien o mal, eso que más da.
Fuente foto:
http://www.inthestands.co.uk
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